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Camino hacia la Felicidad

Estas últimas semanas he estado muy saturada de trabajo, aunque muy raro me como un dulce o postre, hace unas semanas sentía mucho antojo de un brownie y me lo comí junto a una taza de café. Sentí mucho alivio, con pilas para continuar. Según algunos expertos en psicología, aseguran que cuando comes chocolate, gomas u otros dulces que contienen altos niveles de azúcares estás activando partes de tu cerebro que producen hormonas, como la serotonina, que te hacen sentir felicidad, euforia, incluso amor. La ingesta de azúcar segrega este tipo de hormonas en el cuerpo que se traducen inmediatamente en un mejor estado de ánimo, una sonrisa contagiosa y una alegría ideal. Hace unos días atrás yo tenía muchas ganas de comer un brownie, detrás de ese antojo estaba una necesidad por descansar, por parar, cobrar ánimo y fuerzas para continuar pero lo que necesitaba lo reemplacé con azúcar. Muchas veces intentamos reemplazar lo que realmente necesitamos con algo pasajero. Yo consumí azúcar en vez de pedirle a Dios sus fuerzas para renovar mis fuerzas.

“Siempre tomo en cuenta primero al SEÑOR; nada me hará tambalear, pues él está a mi lado. Por eso mi corazón y mi alma estarán llenos de alegría y hasta mi cuerpo vivirá seguro por siempre.»

Salmos 16: 8-9

Desde pequeños hemos vivido buscando fervientemente la felicidad, como si fuera algo que te encontrarás en en la banqueta de tu casa por mera casualidad. Pero hoy quiero explorar contigo 3 puntos que en mi vida me han servido para encontrar ese camino, el camino de la felicidad:

1. Hacer a Dios el número uno en nuestras vidas.

La garantía de que estemos llenos de alegría es tener a Dios en nuestro corazón primero. A veces ponemos en primer lugar a nuestras amistades, parejas, situaciones económicas, etc. Y a lo último dejamos a Dios, si es que nos da tiempo de buscarlo. ¡Cambiemos el orden en nuestras prioridades si queremos vivir con la seguridad y confianza que sólo nos da Dios! 

“Porque yo sé que nunca me abandonarás en el lugar de los muertos. Nunca dejarás que tu fiel servidor se hunda en la muerte.»

Salmos 16:10

2. Tener la convicción que Dios nunca nos deja.

Tal vez muchas personas te han fallado; tus papás, familia, amigos, líderes de la iglesia. Pero hay una persona que ha permanecido siempre y nunca te abandonará. Yo por un momento de mi vida creí que Dios me había abandonado. Porque sentía que no siempre estuvo ahí para mi. Salmos 16:11. «Tú me enseñas el camino que lleva a la vida. Hay mucha alegría en tu presencia; a tu derecha hay placeres que duran para siempre».

“Tú me enseñas el camino que lleva a la vida. Hay mucha alegría en tu presencia; a tu derecha hay placeres que duran para siempre.»

Salmos 16:11

3. Seguir el camino que Dios nos muestra.

Dios nos enseña el camino hacia la vida, donde hay alegría pero es decisión nuestra seguirlo o no. Ejemplo: GPS o mapas. Que hay personas que no quieren seguir esas rutas, hacen sus propias rutas y a veces terminan mal las cosas, más tráfico, lugares inseguros, etc. El camino que Dios nos nuestra está lleno de plenitud, pero habrán otros caminos llenos de mucha tristeza y sufrimiento.

Que el objetivo no sea sólo llegar al destino o a la meta de nuestras vidas, sino cuidar la calidad del camino. No sé en qué lugares o en qué personas has intentado buscar la felicidad y ha resultado ser algo temporal como mi brownie. Pero hoy quiero decirte que Jesús quiere llenar tu corazón, sin importar qué cosas te han lastimado o herido.

Por Karina Ascencio

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